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Come and go... Pinturas de José Antonio. Palacio
Salcines. Guantánamo, Cuba, 1996. Palabras del Catálogo: Armando Puente Camino. Jorge Núñez Motes. Palacio Salcines. Guantánamo, Cuba, 1996. ... no es común, dentro de lo que llamamos “moderno” no tener que perder el hígado en descubrir códigos y mensajes... no es habitual quedar inerte físicamente y ser consciente de estar frente a pinceladas y colores que, cuando menos, amenazan con ser trascendentes... Ya no se estila eso de dejar a primera vista la intención... Cuando vea las pinturas de J. A. H., a pesar de todo y de nada, caigo en el pecado artístico de la duda porque, digo, me llegan señales intemporales de sus híbridos de “aeroplanos marinos”, o, vaya a saber, “tiburones aéreos” que tratan a la vez de volar o nadar no queriendo ni lo uno ni lo otro. Es estar frente a los personajes y posturas típicos de los dibujos escolares primarios colocados en situación por un dominador de las más académicas técnicas del adulto con oficio... y es, en resumen, la sorpresa de una nueva lectura para casi cada pestañazo. La duda, por supuesto, me alcanza por la calculada mezcla de inocencias y segundas intenciones que residen en sus cuadros. No temo a la presunción al decir que el arte es como matemáticas que se calculan hacia afuera del alma y que es combinación del pasado, presente, y lo por vivir del artista; por lo que lo de J. A. H. es arte, o matemáticas para hacerse entender más allá de los límites de su propia piel. En cada trazo, color, o animalito de su talento está un arte con pocas dificultades para la comunicación de sensaciones. De dudar dudo ante la obra J. A. H., pero a fuer de sinceridad gozo en esa duda aunque caiga en el pecado artístico de no saber por qué. |