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Exposición Espacios cíclicos. Galería Villa Manuela,
Vedado, Habana. 2004.

Catálogo. Espacios cíclicos. José Antonio más allá del
azul. Janet Ortiz.
“En el mar y en la llanura
y en la llanura del mar,
el tornasol aguamar
su nacimiento inaugura.”
Lezama Lima
El azul, abisal e infinito, nos aleja de la realidad. Nos
coloca en situación inextricable, avasallados por la aséptica soledad de
estos cuadros que muy a su pesar, reniegan de la belleza. José Antonio, con
intención subversiva, tergiversa su contenido. Primero, se asocia a la
abstracción para tratar el fondo, casi monocromático, “azul y blanco
deslumbrante”. Luego, pone a flotar - más bien a danzar - sobre éste, los
elementos figurativos que le sirven de pretexto a su sarcasmo. ¡Cuánta
ironía en estas flores hieráticas, desprovistas, suspendidas en esas
naturalezas muertas que hacen triza los valores del género!
Así como el hombre de mar necesita valor y pericia para
enfrentar la monotonía del océano, para desafiar su inmensidad, para
soslayar esa descomunal y solapada fuerza oculta en la masa de agua, el
artista se sobrepone al ímpetu de sus instintos bien entrenados para
resolver con eficiencia la trama convencional de la obra, y acepta el reto
de su inspiración. Azul versus azul, azul glacial que nos remite, desde el
trópico profundo, a los impolutos paisajes de la Antártica donde encontramos
escritas sus alucinaciones estéticas, dramáticamente petrificadas como
fósiles sobre la afilada superficie del hielo. ¿A dónde quiere llevarnos en
este viaje inaudito?
El color azul desmedido - alusivo a la ilusión ramplona
del hombre común -, se opone con un nuevo simbolismo al hedonismo trivial y
patético de cierta pintura que frecuenta nuestras salas, en medio de un
mundo que se derrumba, ética y materialmente, con precisión de relojería. El
ojo como elemento representacional, aparece de súbito, rueda por la
composición, se multiplica y actúa. “El ojo es también un caracol, una
espiral, un pez…”, pero como ojo al fin expresa la mirada. La mirada atenta
de Dios hacia el universo –su creación- y hacia los hombres, la del asombro
y la tristeza, la del escrutinio introspectivo del filósofo o la que se
queda atrapada en el microscopio del investigador, (la del artista repara en
el gesto que hace visible lo insondable del pensamiento humano y se aventura
a testimoniarlo con sus emociones). Las flores pasan de la solemnidad
académica al trazo ingenuo del cómic, y se convierten en lluvia, estrellas,
o se animan graciosamente, casi con ternura, para simbolizar el beso o el
adiós. Con ello, José Antonio desata y pone en fuga las tensiones,
desacraliza el carácter grave de la crítica que subyace, y el público, a su
vez, encontrará razones para la susodicha sonrisa. Una ventana, una mesa,
una cenefa evocan la creatividad del hombre en su eterna interrelación con
el medio.
José Antonio (1967), pintor y escultor graduado del
Instituto Superior de Arte (ISA), desmantela en el plano la lógica del
discurso pictórico de sus coetáneos. La simplicidad de sus composiciones y
el monocromatismo alegórico, son también en su obra elementos
expresionistas. Detrás del absurdo y un aparente vacío están sus
manipulaciones para motivar la inconformidad, para provocar nuestro
desacuerdo con tanta complacencia establecida. “Sueño con azules…”(mayo
2004), su primera exposición con este tema realizada en el Centro Cultural y
de Animación Misionera San Antonio María Claret de Santiago de Cuba, no fue
una panacea, ni una propuesta redentora, era un reclamo desgarrado por la
inasible moralidad del arte que, en nuestro medio, también sucumbe bajo las
imperiosas leyes del mercado. Espacio cíclico en azul, es otra vuelta a la
tuerca que ajusta sus obsesiones.
Para el escultor que hay en José Antonio, los cuadros son
en primer lugar eso, espacios, sitios acaso deshabitados, susceptibles a la
acción interventora del hombre o de la naturaleza. Esa es su misión, su
razón de ser y su meta. Por eso dispone con racionalismo cualquier elemento
que pueda dejar testimonio de su mano sobre la escena. Pero lo cíclico es
una categoría de tiempo, de periodización, de procesos progresivos que se
cierran sobre sí mismo para volver a comenzar en una nueva etapa ¿superior?
su trayectoria. La noción de “evolución” constriñe la libertad creadora. El
artista se expande en estos espacios como un acto de fe, sin importarle lo
que suceda fuera de sus límites.
La Galería de la UNEAC esta vez exhibe la obra de José
Antonio Hechavarría para celebrar también con él la salida de un libro sobre
su labor: un artista joven que cree en lo que hace, un hombre bueno. En el
espacio, vibra en círculos concéntricos toda la energía positiva que emana
de su esfuerzo.
Janet Ortiz
2004
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